18 junio 2017

Jim Kerr y Charlie Burchill bandera del punk

Las canguro debieron hacer ayer su Agosto. Mientras escuchan en sus walkman el último disco de Metallica, deben estar rezando para que no acabe nunca esta moda de revival de los 80 que tanto dinero les está reportando. 


Y es que ayer, en el concierto de Simple Minds, se notaba que la mayoría de los treintañeros que se acercaron hasta La Riviera para ver a los que fueran sus ídolos cuando empezaban a salir habían perdido la costumbre de la nocturnidad y miraban el reloj, como 20 años atrás, nerviosos. No por temor a una reprimenda de sus padres sino por el horror de las tarifas de las baby-sitters. Jim Kerr y Charlie Burchill, los dos miembros fundadores del grupo que fue bandera de algunos after punk y muchos aficionados a la new wave, son conscientes de que por mucho que intenten modernizarse y recuperar con ahínco esa pasión por mezclar electrónica y pop, el público fenotipo de sus conciertos es el mismo de hace, al menos, 15 años. 

Ayer quedó claro, la respuesta ante canciones de su nuevo disco Cry era muy discreta, en cambio, la sala se convertía en un clamor, en un coro perfecto, cuando el ex marido de Crissie Hynde y esa gran gruppie que cambió a Simple Minds por Oasis llamada Patsy Kensit empezó a cantar el Alive and Kicking (que dejó para el final del concierto), el Don't you, Speed your love, The American o Theme for great cities y I travel.

Incluso el baile de sus fans, con las piernas y las manos cruzadas y balanceo de caderas, tan en boga en entre los modernos de los 80, seguía siendo el mismo, como si los kilos, las canas incipientes y las arrugas no existieran. Kerr ya había advertido que esta nueva gira, después de siete años de descanso, iba a ser para deleitar a los fans.

Kerr, sin embargo, sí había cambiado su manera de contonearse.En unas formas bastante buenas y más delgado que durante los últimos años, demostraba que el tiempo no le ha hecho demasiada mella, aunque recurrió al look negro total para disimular posibles imperfecciones y no quedar demasiado mal al lado de un bajista al que podía sacarle 15 años.

Conocedor de los trucos para encandilar al público (con «Hola, Madrid», comentarios en español y el recurso de las palmas en alto) ofreció un concierto técnicamente impecable, con un comienzo perfecto para enganchar, con canciones como New gold dream o Love song y la sabiduría de dejar para el final (antes del bis) Waterfront o This is your land.

Algunos de los presentes, los que se refugiaban en las últimas filas, se quejaban de lo alta que estaba la música, pero no paraban de saltar con las primeras notas de las canciones más conocidas.Los de las primeras, uniformados con camisetas de grupos afines como U2 o de los primeros discos de la banda de Jim Kerr, comentaban que las habían desempolvado después de años y algunos incluso se enorgullecían en voz alta de que aún podían embutirse en aquel T'hirt comprado en la época de estudiante. En cualquier caso, nostalgias aparte, lo cierto es que Kerr y compañía demostraron que muchos de sus grandes éxitos perviven sin envejecer y que aún hoy siguen estando vivos y coleando.

02 mayo 2017

La industria alimentaria

Una de las pocas ventajas de la edad es que uno, lo quiera o no, resulta que ha sido cocinero antes que fraile. Mi generación en concreto, (acaso por haber participado en el cotarro desde la feroz legitimidad del antifranquismo) ha desarrollado un olfato muy fino para detectar manipulaciones por activa y por pasiva en los medios. 


De vez en cuando, sin embargo, aparece una grata sorpresa, como la columna de Enric González en El País del 7 de abril, en la que se leen palabras infrecuentes: «Como soy de izquierdas, acumulo prejuicios: los miserables de izquierdas me resultan especialmente insufribles». Se refería el columnista a los métodos documentalistas de Michael Moore: «Ensamblando discursos diferentes y eliminando de ellos las palabras que no le convenían hizo que (Charlton Heston) exhibiera una total indiferencia por la matanza ( ) en un instituto. Luego ( ) abusó de Heston, ya afectado por una enfermedad degenerativa. A Moore le dieron varios premios por ello».

La lista de manipulaciones que pueden detectarse desde los ingenuos «prejuicios» de un viejo izquierdista sería inagotable. Y ejemplar, como las monumentales mentiras autobiográficas de Rigoberta Menchu, que le valieron el Nobel de la Paz. O el recurso a la movilización de «negros» argentinos para acallar protestas por parte de su presidenta, embalsamada, ya no en muerte como sus predecesoras, sino en vida, en litros de bótox, maquillaje y Chanel, y cuya femineidad -disiento en ello de la siempre incisiva Pilar Rahola- está más en la línea de la de los transexuales de todos los programas españoles de entretenimiento televisivo en horario infantil.Pero coincido con ella en la carga «semiótica» de la boina parisina de doña Cristina Fernández. 

Con esa boina, uno ya no necesita perder el tiempo en trámites parlamentarios. Con esa boina, uno se garantiza la adhesión inquebrantable de todos los gorilas argentinos -dignos de una escenografía de Bertolt Brecht para el control social, económico y político de Mahagonny-, a los que, por cierto, no hay que confundir con los torturadores de la extrema derecha, cuya semiótica pertenece a otro orden estético, muy pasado de moda.

Por un deslizamiento lingüístico que podría hacer las delicias de un hipotético lector lacaniano, paso de los gorilas del lumpen brechtiano a los que sobreviven en las selvas centroafricanas, que al parecer son objeto, junto a chimpancés, cocodrilos y leopardos, de la evocación gastronómica de un «gran africanista». Su libro de recetas, que no citaré, ha sido promocionado en prensa por un periodista cultural que he seguido con respeto (hasta hoy): Jacinto Antón. 

De nuevo como viejo viajero, retirado (y como viejo cristiano-marxista, renegado) creo, con mi sentido del humor algo disminuido, saber de qué va el antropocentrismo, la industria alimentaria (y el arte culinario) desde la ingestión de burros en Cataluña, de perros o de sesos de monos vivos en China, a la de gorilas y felinos (delicioso leopardo, observa el autor) en África.

23 abril 2017

El vintage vuelve a ser moda

Servidora les hacía en un geriátrico. Echando un dominó con los New Kids On The Block, una petanquita con los Take That, un parchís con los N'Sync o un bailecito agarrado rollo pasodoble con las Bananarama, pero no, nenas, resulta que siguen en activo. Y no es que se hayan retirado a Marina D'Or, o lo que haya en Malibú, y, tras haberse implantado cuatro pelos color caoba, dos glándulas mamarias de polietileno y una garrafita de 5 litros de botox, hayan decidido volver. Qué va.


Han estado grabando sus discos y sus cosas. Es decir presentado sus teletiendas, teniendo sus hijos, casándose con sus modelos como Howie D. con Leigh Boniello o abrazando la fe como Brian Littrell. Incluso, han tenido sus carreras en solitario. Vamos que no se han dejado nada por hacer. Como que ya tienen una edad. El único cambio, que Kevin Richardson se las ha pirado, de hecho, ya llevaba seis discos grabados como externo. Como una doméstica pagada por horas, para que me entendáis, que lo mismo te cose unas cortinas como a la del portal de enfrente le coge los bajos de las faldas. Si es que ya lo decía Sánchez Ocaña, lo mejor para no perder la cabeza con los años es tenerla ejercitada.

Y ellos, otra cosa no pero, componer, componen. El octubre pasado sacaron su último álbum, Unbreakable. Anoche llegaron a Madrid con él. Con sus vaqueritos caídos, sus melenas con mecha blanca, las patillas perfiladas con escuadra y cartabón, los tatuajes, gorras y los cueros, primero; trajes cruzados y corbatas, después; incluso, pitillo y sombrero estilo Elvis Costello porque ya no sabían ni qué ponerse. Con estos modelitos dieron rienda suelta al disco. Y entre espontáneos, desmayadas, rings de boxeo, mesas de black jack y taburetes dorados cantaron algunos de los 14 temas que lo componen. Entre ellos sonaron temas como Inconsolable, Helpless When she smiles, Everything but mine, Something that I already know, One in a million o Treat me right. Cualquiera de ellos les quedaría precioso como banda sonora en un telefilme. Así, con grititos soul y carita de «soy súpermono y sufro mucho porque se te ha roto una uña y te quiero». También rescataron los temas pretendidamente provocadores. O sea, todos. Es más, podrían haber puesto «Autopista hacia el cielo en un videowall» pero, darlings, no había videowall, se decidieron por el atrezzo móvil. En plan vintage.

No obstante, lo que realmente nos puso orgásmicas a mí y a mis cientos de mejores amigas que llenamos, porque llenamos el Palacio de los Deportes, fue el repaso a los grandes éxitos de su carrera, a salto de mata y sin casi respirar en plan coreografía de Fama, como We've got in going on, Quit playing games, Everybody, As long as you love me, I want it that way o Shape of my heart. Pero, con arreglos nuevos. Más chulas, Mari... Y me trajeron una de recuerdos... Como por ejemplo cuando servidora se alisaba el flequillo con rulo y se rizaba el resto con litros y litros de espuma... Porque los cuatro de Miami, a sazón, Brian Littrell, Howie Dorough, AJ McLean y Nick Carter, saben como llegarte al corazón, si por corazón se entiende también bragatanga...

Están más hechos, sí, como con tripilla acuciante, especially Carter pero, nosotras, también. Somos treintañeras (ejem) y a mucha honra. Las teenagers, en cambio, siguen a zarapastrosos, mientras que los Backys huelen a colonia Chispas y, aunque van de malotes y hacen cosas feas con la pelvis y los puñitos, les molan los polos azul bebé. Quince años con el mismo corte de pelo, pero limpio. 75 millones de discos vendidos en todo el mundo dan para mucho champú. Eso sí, en cuanto nos vayamos muriendo sus fans, a ver qué hacen...

No cabe duda de que Chikilikuatre es un síntoma de que el panorama musical empieza a pasar de sus músculos y sus bracitos espasmódicos por mucho que al cuarteto le dé por reinventarse con baladas latinas, chalecos de lino blanco, teatrillos, palabras con acento mexicano, y hasta sonidos electrónicos o guitarreos interminables en plan Kiss, pero reinas, siguen sonando a Con ocho basta. Eso sí, si vuelven las hombreras, quién te dice a ti que hasta John Secada y Rick Astley no se hagan unos duetos con los americanos y esté yo ahí diciendo que son lo más de lo cool... Hoy por hoy, si los rockeros nunca mueren, las band boys deberían tener, al menos, fecha de caducidad, como los yogures. 

11 marzo 2017

Hay que saber decir adiós

Cuando la socióloga Lourdes Pérez Ortiz comenzó, hace dos décadas, a estudiar el tema de la vejez en España, llegó a la conclusión de que las mayores de 65 años eran, mayoritariamente, mujeres que vivían «encerradas en sus casas, esperando la visita o la llamada de sus hijos mientras veían la televisión o limpiaban».El retrato robot que hoy dibuja de ellas esta profesora de la Universidad Autónoma de Madrid es radicalmente distinto; tanto, que hasta el término vejez chirría al referirse a este colectivo.«Junto al perfil más tradicional empieza a emerger el de aquellas a las que les gusta salir y quedar con sus amigas, que hacen turismo y que, a pesar de conceder importancia a las relaciones familiares, desean preservar su autonomía. En definitiva, que quieren tener su propia vida», resume. 
Y así, la imagen que estas féminas proyectan al mundo ya no es la que era, pero no sólo debido a su actitud, sino también porque ahora «se visten de otra forma y se preocupan por su aspecto», como subraya la experta.El mercado cosmético ha sido uno de los primeros en tomar nota de la tendencia y actualmente no hay firma que se precie que no cuente con una línea ad hoc para las pieles maduras: Lancaster, Shiseido, Vitesse, Astor, Vichy, Lancôme, Dior... todas se han marcado el objetivo de captar a ese conjunto de ciudadanas que tienen tiempo y dinero para cuidarse y que, definitivamente, siguen manteniendo su atractivo.

¿Cuántas y cómo son estas consumidoras que persigue la industria de la belleza? En nuestro país hay unos 4,3 millones de mujeres mayores de 65. Dicho de otra manera, una de cada cinco está en esa edad o por encima de ella. Y aún les queda mucho camino por delante: según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, la esperanza de vida de las españolas se sitúa en los 83,48 años, una cifra sólo superada por las japonesas y las francesas. Este salto en la carrera de la longevidad tal vez tenga que ver con los nuevos hábitos de las mujeres de este país. Por ejemplo, el porcentaje de fumadoras ha bajado hasta el 25%, como recoge el estudio Indicadores de Salud (2006), del Ministerio de Sanidad y Consumo. El mismo informe revela que hay un 55,9% de abstemias, aunque la actividad física sigue siendo una cuenta pendiente, ya que el 59,3% de las españolas reconoce su sedentarismo. 

Lo que sí ha descendido es el número de muertes por cáncer de mama, una de las principales enfermedades que amenazan a las féminas: entre 1990 y 2002, la tasa de fallecimientos por este tumor se redujo en un 14%. El caso es que, como destaca Pérez Ortiz, «las mujeres mayores cada vez disfrutan de un mejor estado de salud y, al estar liberadas de las obligaciones productivas y reproductivas, se han colocado en situación de caminar hacia sus propias metas».Entre ellas, la de sentirse a gusto en su piel. «Esta generación tiene mucha energía desde un punto de vista mental, pero el organismo no siempre acompaña. 

Por eso, la obligación de los médicos consiste en ayudarlas a ajustar su cuerpo a sus sueños e ilusiones», argumenta el doctor Santiago Palacios, director del Centro Médico Instituto Palacios, especializado en la salud integral femenina. «A estas edades, los problemas más frecuentes son la artrosis, la osteoporosis, las disfunciones sexuales... Es posible prevenir todas estas dolencias o, si ya se han desencadenado, atenuar sus síntomas.Yo lanzaría el siguiente mensaje: Cuídate a los 60 para disfrutar de unos magníficos 70», añade. Esos cuidados a los que se refiere el doctor Palacios atañen a diferentes planos: practicar ejercicio, seguir una dieta saludable, ser constante en los tratamientos médicos... ¿Y qué pasa con otros aspectos más superficiales? ¿También hay que esforzarse en preservar la belleza? «Verse bien por fuera influye internamente mucho más de lo que la gente cree», defiende el especialista. «Por ese motivo, yo estoy a favor de la cirugía estética. Me parece uno de los mayores avances del siglo XX. Si te deprime verte mayor y eso se puede solucionar, por ejemplo, con una operación para elevar el pecho, pues adelante.Siempre que no nos pasemos de la raya, defiendo el uso lógico de estas intervenciones. Si hay dirigentes de países que se someten a operaciones de estética, ¿por qué no iba a hacerlo una mujer cuyo bolsillo se lo permite?», plantea.

Rocío Fernández-Ballesteros, catedrática de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, disiente en este último punto: «Envejecer activamente no tiene nada que ver con preservar la juventud y la belleza, que son cualidades físicas y perecederas.Lo que se esconde detrás de la edad es un mundo fascinante de plenitud que cada ser humano debe vivir con la óptica que le brinda su propia experiencia», sostiene. En lo que sí coinciden todos los expertos es en la importancia de seguir intelectualmente en marcha para disfrutar de una excelente madurez. «Es absurdo no aprovechar el potencial de los mayores», sentencia el doctor Palacios. En España comparten esa opinión las aproximadamente 320.000 mujeres de más de 60 años que todavía trabajan fuera de casa, así como las 26.000 que están matriculadas en iniciativas de formación de todo tipo. La propia Fernández-Ballesteros dirige un Programa Universitario para Mayores, así que habla con conocimiento de causa cuando recuerda que la actividad cognitiva previene el envejecimiento cerebral y es un factor protector de la demencia.«Es muy positivo ir a conferencias, hacer sudokus, repasar cada día todas las cosas buenas que han ocurrido, cuidar las relaciones con la familia y los amigos -¡pero sin dejarse avasallar!-, participar en voluntariados... En definitiva, tienen que seguir enganchadas a la vida», concluye la profesora.

La galerista Soledad Lorenzo, la actriz Nuria Espert y la ex modelo -hoy artista- Veruschka son ejemplos de profesionales que continúan enganchadas a la vida a pesar de haber dejado atrás los 65. Ellas y otras muchas forman parte, en España y en otros países (Veruschka es alemana), de ese nuevo poder que representan las mujeres maduras. «A todos nos da miedo el envejecimiento», indica la socióloga Lourdes Pérez Ortiz, «pero este tipo de personas nos están marcando nuevos caminos, formas distintas de afrontar ese tramo de la vida.»

Se levanta a las siete de la mañana, desyuna y se arregla con calma. Es el único momento del día en el que se permite ralentizar su ritmo, porque ella es de esas personas que tienen horario laboral de entrada (las nueve), pero no de salida. Hace un tiempo, Soledad Lorenzo trabajaba en el mundo del arte por cuenta ajena, hasta que le asaltó un pensamiento: «Seguiré haciendo lo mismo durante 20 años más y, cuando cumpla los 65, me jubilarán», se dijo. Entonces recogió sus bártulos y se fue a montar su propia galería.
Así lo narra durante el hueco que ha buscado. En cuanto la grabadora se apaga,
sale corriendo hacia el espacio de arte que dirige en Madrid, que lleva su nombre.

Pertenece al escaso 1% de españolas mayores de 65 que siguen en activo. ¿Se imagina a sí misma sin trabajar?
¡No! Mi vida sin trabajo no tendría sentido.Pero reconozco que para llevar una galería hace falta mucha energía, no sólo buena salud y cabeza. Espero que, cuando me fallen las fuerzas, la vida me marque otros caminos para seguir manteniendo el contacto con la realidad.
¿Le impone muchas barreras profesionales el hecho de ser mujer y de tener su edad?
Al contrario: en el mundo de la cultura, la edad es experiencia.Pero debo demostrar capacidad de improvisación y de alerta.
Su galería apuesta por los nuevos valores. ¿Estar en contacto con otras generaciones contribuye a alargar la juventud?
Sí, para mí es esencial. Aparte de relacionarme con mi equipo, me resulta revelador el contacto diario con los artistas y también con el público que visita la galería: estudiantes, responsables de otros espacios... Esa puerta abierta es muy importante en mi vida.

¿Qué le diferencia de la generación de su madre?
El cambio ha sido tan intenso que podemos hablar de un antes y un después. En España, mi generación ha sido la primera en integrarse de forma plena en la sociedad, y ni siquiera constituíamos una mayoría. La gran aspiración es que dejemos de hablar de la incorporación de la mujer a la sociedad como fenómeno.
Hoy, una de cada cinco españolas tiene 65 años o más. Sin embargo, parece un colectivo invisible para el resto de los ciudadanos.¿Qué opina?
Sí, antes se decía que a partir de cierta edad eras invisible...Lo que pasa es que ahora nos mantenemos mucho más jóvenes, precisamente por estar más involucradas en todo. Y, claro, eso nos da visibilidad.

¿Qué ventajas tiene la madurez?
La libertad. Tu proyecto vital ya está hecho y simplemente tienes que mantenerlo. Ya no estás tan sometida a las presiones externas.
¿Qué importancia concede a seguir cuidándose y preocupándose por la moda?
Yo no quiero parecer una señora mayor. Si interiormente me siento activa, aspiro a que esa imagen salga al exterior, aunque tampoco se trata de intentar asemejarse a una jovencita.

¿Le parece lícito quitarse años con el bisturí?
De joven estaba convencida de que acabaría operándome, pero no lo he hecho. Cuando llegas a mi edad, te importa más tu mente que tu físico, aunque te guste estar bien. De todos modos, la elegancia no es patrimonio exclusivo de la juventud, ¡eso sería terrible!

Faltan dos horas para salir a escena y la dama del teatro nos recibe en su camerino. Dice la Espert que sigue manteniendo la misma ilusión de hace 30, 40 y 50 años. «Soy una privilegiada, me apasiona este oficio. Estoy en una etapa fortísima de trabajo y lo único a lo que tengo miedo es a resfriarme y que me dé la tos en el escenario.»

Los personajes de su última película, Barcelona (un mapa), son, según su director, Ventura Pons, «arquetipos contemporáneos de la soledad urbana». Entre ellos hay una pareja de ancianos.¿Vejez y soledad son términos que cada vez van más de la mano?
Parece que sí. Te acecha la soledad aunque tengas familiares que te quieran. La culpa es del ritmo de vida actual.Las leyes y las costumbres deberían acomodarse a una nueva realidad: la de que ahora las personas de 65 años son jóvenes y están llenas de vitalidad. Me parece un verdadero crimen que la sociedad piense que ya han dado todo lo que tenían que dar.

Catherine Zeta-Jones ha declarado: «Cuando empiece a envejecer, me echarán a patadas de Hollywood».
Alguien tiene que decirle a Catherine que debería dedicarse al teatro. La cámara es muy cruel con las mujeres y Hollywood es el colmo de la crueldad.
De ahí que las actrices abusen tanto del botox en la meca del cine...

¡Hacen bien, pobres! Están defendiendo su profesión, intentando evitar que las retiren con 40 años, que es cuando la mujer está más bella y cuando se le deberían ofrecer todos los guiones...Durísimo.
Durante la presentación de su última biografía, dijo que se sentía afortunada «por vivir esta época de cambios». ¿En qué sentido?
Padecí la España franquista hasta los 40 años. Desde entonces he podido vivir en libertad, como una europea, como una mujer con plenas facultades para tomar sus decisiones. Nunca he pertenecido a ningún partido político, pero sí soy feminista, y eso siempre se ha reflejado en mi casa, en mi relación con mis hijas y con mi marido. Antes, a las mujeres se les dejaban las tareas menos comprometidas, pero ahora tenemos hasta ministras, y ahí está el ejemplo de María Teresa Fernández de la Vega... ¡No puedo estar más contenta!

¿Alguna vez se ha sentido invisible a causa de su edad?
¡No! Bueno, quizá sí lo sea para Richard Gere (se ríe)... Es cierto que cuando pierdes la juventud te vuelves invisible desde un punto de vista sexual, pero entonces empiezan otras muchas cosas maravillosas. Es en ese momento en el que comienzas otro tipo de relación con los hombres.
¿Qué ha ganado con la edad?
Me gusta muchísimo vivir, disfruto de cada día. Creo que ahora soy mejor persona, más inteligente y culta que antes. Bueno, ¡y espero haber conseguido ser mejor actriz de lo que era al principio!

Su nombre real es Vera Von Lehndorff-Steinort, pero el mundo entero la conoció en la década de los 60 como Veruschka, la primera top model de la historia. La alemana participó en una de las últimas ediciones de la Pasarela Cibeles como invitada de los diseñadores Ailanto, que se inspiraron en su papel en Blow Up (la mítica película de Michelangelo Antonioni) para concebir una colección de moda. «A todo el mundo le interesa la estética de aquella época», declaró en Madrid la ex maniquí. «Esa película es un símbolo del deseo de romper con la tradición. Aun hoy sigue resultando moderna.» Igual que ella.
¿Cómo recuerda su época de desfiles?
Nunca me he visto a mí misma como una supermodelo.Al menos, no en el sentido estricto de la palabra. Más bien era una artista que utilizaba la moda para expresarse.

Y ahora, tras haber sido considerada como un icono de belleza, ¿no le resulta muy duro afrontar la madurez?
Sé que no puedo evitar el paso de los años, hay que aprender a vivir con ellos. A lo que yo aspiro es a tener una cara bella con arrugas, como las ancianas indias, que poseen un rostro tan poderoso... No debemos esconder nuestra edad.
Entonces, ¿está en contra de la cirugía estética?
Sí. Únicamente aceptaría algún pequeño retoque. Hace poco me propusieron inyectarme botox, pero me negué. Odio esa sustancia, porque crea rostros inexpresivos. Conozco a personas que se han hecho un lifting, y otro, y otro. Ahora ya no soy capaz de encontrar su personalidad. Me parece terrorífico.

Es lo que pide el sector de la moda: la eterna juventud. ¿O no? ¿Qué cualidades debe reunir una top model?
Eso ha variado mucho. Antes teníamos que tener unas características muy marcadas; cuanto más diferente fueras, más interesante resultabas.En mi época triunfaba Twiggy, pero también Lauren Hutton, ambas tan distintas... Ahora, sin embargo, todas parecen iguales, tipo Heidi Klum. Pero lo importante en una modelo es que sea profesional y sepa trabajar con la ropa.
¿Volvería a desfilar?
No. Hay que saber decir adiós.

Si alguien puede hablar sobre madurez plena, esas son las niponas.Unos 26 millones de ellas tienen hoy en día más de 50 años, y entre los rasgos que las caracterizan destacan su excelente salud y el interés por los cuidados cosméticos (Japón es el país que acumula el mayor gasto per cápita del mundo en estos productos).Estas mujeres forman parte de la denominada Generación Dankai, esto es, el grupo de población nacido entre los años 1947 y 1949 -después de la II Guerra Mundial-, que han llegado a la jubilación en forma, con un altísimo poder económico y con una visión moderna de cómo gastar su dinero. Exigen lo mejor del mercado. En este contexto nacen las cremas NutriPerfect, de Shiseido (a la dcha.). ¿Por qué son especiales? Porque incorporan carnosina, un activador de energía celular que los deportistas suelen consumir en forma de suplemento alimenticio. Esta sustancia palia los efectos de los desequilibrios hormonales en la piel.

10 febrero 2017

Isabel Preysler una vieja con ardores

De vez en cuando vuelven las Isabeles. No son apariciones arbitrarias, porque ellas miden mucho sus tiempos y cuidan el efecto sorpresa para no devaluarse. Hoy las nombro siguiendo riguroso orden alfabético, aunque su rivalidad es estrecha hasta en eso: Pa-ntoja y Pr-eisler. Pantoja se ajustó al momento facilitado por Julián Muñoz, alias «ese hombre», que gozó de permiso carcelario y se encerró con su amada en el feudo malayo de La Pera (limonera). La entrevista de Chelo García Cortés, fiel guardiana de las esencias de la folclórica, ha sido la única novedad que nos ha deparado el encuentro, aunque de ser ciertas las declaraciones de la Panto, tendremos culebrón para rato (yo que tú me haría unos análisis, reina).


Vistiendo un alegre modelo ad-lib (manda huevos), con el cuerpo recostado en un sillón de mimbre y la línea del mar al fondo, Isabel está guapa de cojones (o sea: de photoshop). Pero sus declaraciones son aire y van al aire. Las folclóricas siempre ofrecen una versión impostada de la vida y ella no quiere ser menos. Ahora, con Julián de nuevo en chirona, Pantoja respira otra vez tranquila.

Respecto a Preysler S.L., hoy comprendo por qué no acudió la otra noche a la presentación de sus joyas preferidas: estaba concentrada organizando la puesta en escena del spot viviente que ha protagonizado esta semana. Y es que Isabel se ha quitado (o la han quitado) de los bombones elegantes, pero mantiene los baldosines y las joyas, y acaba de incorporar un maquillaje a su lista de patrocinadores. Para ser imagen de marca hay que dosificar las apariciones, distanciarlas y crear expectativas. El último milagro de Preysler fue hace un par de semanas en la portada de Hola: un posado familiar en el que hasta Boyer lucía photoshop facial (inciso: con las prisas de la edición, a los de la revista se les olvidó plancharle el cuello). A las niñas, en cambio, les pusieron un par de añitos más para que el conjunto resultara uniforme y favorable para mamá.

Resumiendo: días preyslerianos. Isabel se mata a trabajar (ella siempre saca para sus gastos), ofreciendo a las cámaras un rostro progresivamente occidentalizado. Su última adquisición, la nariz griega (antes fue americana y, más antes, filipina), le sienta sttupendamente. Ya no necesita nada más. El tiempo que no invierte en posar lo invierte en mimar a los dos hombres que más le han cambiado la vida: Miguel Boyer y Giorgio Armani.

Gracias a Hola y a las Isabeles he redescubierto a Ivana Trump, que se ha casado por cuarta vez sin necesidad de que una marca le patrocine el vestido. Ella sí que sabe. Para la ocasión Ivana ha elegido a un tal Rossano Rubicondi, actor, modelo, bailarín y chulazo italiano. 

La boda era lo más de lo más. A saber: lo más abundante, lo más cursi, lo más hortera, lo más florido y lo más lujoso. Fue en Palm Beach, en la casa Mar-a-Lago, residencia de Marjorie Merryweather Post, heredera de la fortuna de los Corn Flakes (no es el nombre de una familia, sino el de unos cereales para el desayuno). Bosques de columnas, arcos dorados y estucos de opereta. Y ahí, plantada en medio, una tarta de casi 300 kilos a juego con los bosques de columnas, los arcos, los dorados y los estucos de opereta. Hubo de todo, hasta un toque solidario: el pastel que sobró fue regalado a los pobres de un hospital.

Alucino. En las invitaciones se pedía a las invitadas que llevaran traje largo de color pastel, a excepción del rosa y el amarillo, colores elegidos por la novia y su hijita Ivanka. El resultado era digno de una película de Disney. Nada de sobriedad, nada de Armani. Explosión de guipures, tafetanes y botox. La prota eligió para la ceremonia un traje imperio reinventado (parecía Josefina Bonaparte en un musical de Las Vegas), pero la confirmación de que todo es susceptible de empeorar fue el vestido del baile, un sueño en guipur rosa por el que mataría cualquier travesti de Chueca.

Para constrastar, los hombres iban de blanco, como en las white parties del Circuit. En una foto aparecen todos en fila: mullidos, sonrientes, comestibles, con los cogotes encendidos como los pavos de Acción de Gracias.

Había que hacer patria y la hice. El consejo regulador del cava nos convocó a la presentación de la nueva imagen (del cava, se entiende) y allá que fui. J. L. Mathieu me había dicho «estarán los tuyos» y no pude contener la curiosidad. ¿Los míos? Luego me di cuenta de que se refería a los catalanes, pero en ese momento no caí. Tras el brindis se me apareció Carlos Espinosa de los Monteros sin cochecito de golf y con la soga (corbata) al cuello. Nos saludamos como si nada (en temporada baja, él y yo sabemos hacernos los suecos) y departimos con Omar Azziman, embajador de Marruecos en España, que no estaba allí para beber sino más bien para olvidar. Junto al embajador, su señora, la embajadora consorte, más la embajadora viuda (Chávarri, madrastra de Marta) y, a continuación, Cristina Barrios (embajadora en misión especial para el cambio climático) y Rosa María Mateo, embajadora de su mismidad (desde que se retiró, está que se sale de guapa). Había también un secretario de Estado, una arquitecta, un humorista, un ex torero. Y Gema Ruiz Cuadrado, esa chica que vive a bordo de un traje de cóctel.

Los catalanes están preocupados por el agua (del Ebro: toco madera), pero la burbuja cura todas las preocupaciones. Cuando el cava viene a Madrid, la conciliación triunfa. Una de las mejores embajadoras de Barcelona en Madrid es Mar Raventós. Ella no estaba el otro día, pero apenas se notó: Mar siempre deja huella. Los fotógrafos tuvieron sobredosis de glamour: Nuria March, María García de la Rasilla, Sisita Milans del Bosch, Manolo Guasch, Silvia Polakov, Boris Izaguirre, los Romanones. Todos monísimos. 

19 enero 2017

Carolina Herrera,los perfumes huelen a los recuerdos

Si la perfección tuviese un nombre de mujer, este sería Carolina (de apellido Herrera). Amable, distante, educada, atractiva, tercera hija de la diseñadora de origen venezolano Carolina Pacanins de Herrera y primera de su padre, Reinaldo Herrera, el segundo marido de la diseñadora; o sea que ella, la protagonista de esta entrevista, es la genuina Carolina Herrera.

Cosmopolita, empresaria, madre ejemplar, elegante, culta… Su curriculum y su actitud hacen presagiar que una se encuentra casi ante una deidad. Claro, que ya sabemos que estas no existen. Por tanto, poco a poco.


Carolina se abriga tras la sesión de fotos y antes de comenzar la charla aclara a sus agentes: "A mí se me puede preguntar de todo". Esto promete. No podría esperarse algo diferente de una mujer moderna, nacida en Caracas y crecida en Nueva York, en lo más granado de Manhattan, y que luego, avatares del destino, se casó con un torero, Miguel Báez, el Litri, miembro de una saga de matadores, y se instaló en Madrid.

Quizás, así de pronto, esto sea lo que más me ha chocado de su biografía. Una joven tan mundana contrae matrimonio con un torero, profesión (o afición) que representa a uno de los mundos más tradicionales y cerrados que puedan imaginarse. Y con él, con Miguel, tiene tres hijos de nombres griegos, en realidad, solo las niñas remiten a la Grecia clásica, Olimpia, la mayor, de ocho años, y Atalanta, la pequeña, de cuatro. En el medio queda Miguel, que ha cumplido siete y, él sí, se llama como su padre. "Desde pequeña", me cuenta Carolina con un acento seseante y firme, que denota su origen, "soy una gran amante de la mitología griega y por eso elegí esos nombres para mis hijas. Luego supe que Atalanta es uno de los leones de la diosa Cibeles, ¡bien madrileño, por tanto!"

Y Carolina relata con entusiasmo su vida de estudiante en la Universidad Rockefeller de Nueva York, donde se graduó en biosicología y bioquímica, y de su gusto por investigar e incluso recuerda su inclinación hacia la medicina forense; y de cómo conoció a un director de cine que le ofreció trabajo y eso marcó su futuro, porque cambió la medicina por el cine; mientras, trabajaba también con su madre en el área de los perfumes, donde dirigió el lanzamiento de una de las marcas señeras de la firma, 212. Y habla de las ciudades en las que vivió, California, Los Ángeles... y de cómo escribió un guión viajando durante tres meses en una caravana que atravesaba Estados Unidos de Este a Oeste, y que a cambio de ese trabajo obtuvo la cámara para filmar un documental en España. Y vibra, y relucen sus ojos al recordar aquellos años de juventud.

Y cámara en ristre llegó a España para rodar un documental sobre el mundo del toreo, conoció a su marido, se afincó en este país. Un cambio bien radical.
Fue un proyecto que hice con mi amiga Victoria, que andaba indagando sobre sus ancestros; durante cinco años seguimos el proceso vital de unos niños que soñaban con ser toreros. Ni siquiera había ido a una corrida antes, solo sé que recuerdo aquel tiempo con fascinación.

- ¿Qué fue lo que atrapó de ese ambiente torero a la joven cosmopolita americana?
Conocí ese mundo por dentro y de una forma muy distinta a como lo pintan los estereotipos. No viví un ámbito cerrado y asfixiante, al contrario, nos abrieron las puertas y traté con gente generosísima. Y no creo que me atrapase nada en especial, excepto la magia de un mundo desconocido.

Miguel, su marido, no tenía papel en ese documental; lo conoció a través de una amiga de su madre "y ni nos echamos cuentas", dice. Lo suyo no fue un amor a primera vista, tardaron cuatro años en fraguar su relación sentimental. Ella tenía otro novio y vivía a caballo entre Los Ángeles y Sevilla, y además continuaba su labor en el área de fragancias de Carolina Herrera.

- Y pasó a ser mujer de torero, casi un título. Una piensa en Isabel Pantoja y la imagina en las antípodas suyas...
Cuando empecé a salir con Miguel, él llevaba tres años retirado de los ruedos, por tanto no he representado el papel de la mujer del torero. Y conozco a otras casadas con torerazos que son como yo. El estereotipo quedó anclado en la época de Dominguín.

- ¿Qué fue lo que la enamoró de él?
Es supernatural [y lo dice enfatizando y alargando el super] y eso me encanta. No tiene dobleces, lo que ves es lo que hay, posee un sentido del humor fantástico y algo de misterio; no lo da todo de inmediato, algo que también me gusta... Vas descubriéndole poco a poco...

- Vaya declaración de amor. ¿Se lo ha dicho alguna vez así?
Ni Miguel ni yo somos muy dados a escribirnos cartas o decirnos estas cosas. Pero he de confesar que mi marido es una persona a la que quieres más cada año que pasamos juntos, y no al contrario, como ocurre a veces. Cada día me sorprende con cosas especiales.

Carolina Herrera, directora creativa de fragancias de la firma Carolina Herrera, ha confesado que los perfumes huelen a los recuerdos. Pensaba que quizá alguno emane el olor de ese Nueva York de su juventud, cuando sus padres eran asiduos del legendario local Studio 54, donde se daban citas las estrellas y la jet set americana y europea de los años 70.

- ¿Conserva un olor de aquel tiempo?
No. Unos perfumes son recuerdos concretos y otros simbólicamente. Yo iba a Studio 54 con 16 años y conservo una sensación: ¡debía mentir a mis padres para ir! Para ellos, aquel mundo era creatividad, locura, algo que no existe ya...

- ¿Nueva York no es como la hemos soñado?
Sí, pero aquello que tenía de especial no se mantiene.

- ¿Y Madrid? ¿Huele a ajo?
Yo vivo aquí porque quiero, no estoy castigada. Mi primer piso lo compré en Madrid, en la calle Mayor, en esta ciudad de luz increíble, amena y fácil... Me gusta la vida de barrio, me hace sentir que soy de aquí.

- ¿Comparte vida social con otras ricas latinas afincadas en esta ciudad, como Margarita Vargas o Genoveva Casanova?
Tengo amigas de todos "los palos" y en todos los ámbitos, y eso da mucha vida; a mí no me gusta que me encasillen, siempre huí de compartimentos estanco y he compaginado ambientes diversos, algo que aprendí de niña y que enseño también a mis hijos.

- Pues, otro tópico, pero inevitable. ¿Es muy tremenda la sombra de una madre tan poderosa?
Nadaaaaaa. Es muy normal, ella es mi mamá. A veces, al viajar juntas y comprobar como se dirigen a ella, me doy cuenta de que también es un personaje; me gusta escucharle decir cosas nuevas en las entrevistas, incluso le copio algunas de sus reflexiones. Me emocionan los premios que recibe, claro, pero no puedo olvidar quién es, y es mi madre y la veo antes de vestirse para acudir a una gala.

También inevitable. Carolina nació en Venezuela, vivió en Caracas hasta los 13 años, tiene pasaporte venezolano y viaja con asiduidad al país. Al hablar de todo esto me fijo en la importancia del lenguaje corporal, se retrae en la silla, se protege el cuerpo con los brazos, la luz desaparece de su mirada y también la sonrisa cuando pregunto sobre el proceso chavista que ha situado a Maduro en la presidencia de ese país. "Es desastroso lo que está pasando. Y lo dejo ahí. Creo que se arreglará pronto, porque cuando las cosas están mal y deshonestamente hechas caen por su propio peso." Y, tras alguna otra cuestión sobre el tema, finaliza tajante: "Venezuela es mi país, lo he vivido, tengo mucho que decir. No ahora". Punto final.

- Hablemos entonces de la crisis española y europea. ¿La nota?
Mantengo los ojos abiertos en todos los sentidos, la gente lo pasa mal. Pero creo que la crisis no es solo económica, también lo es intelectual y moral.

16 julio 2016

Anastacia la cantante tiene muy mala leche

Cuatro años pueden ser una eternidad en el mundo de la música. Tiempo más que suficiente para que nuevos aires apaguen el nombre de cualquier estrella del firmamento artístico. Sin embargo, a la estadounidense Anastacia no le preocupa el tiempo y, con la misma fuerza con la que, en 2003, le plantó cara al cáncer, regresa al primer plano discográfico.

Después de cuatro años apartada de los estudios de grabación -silencio creativo interrumpido sólo por la aparición del recopilatorio Pieces of a dream, en 2006-, Anastacia presenta estos días nuevo disco. Se titula Heavy rotation y estará en las tiendas a partir del próximo martes.
«Soy consciente de que éste no es un buen momento para sacar un disco nuevo, pero, por otro lado, sé que, al hacerlo, este trabajo quedará ahí. Es posible que la gente no pueda comprarlo ahora, pero esto no impide que puedan hacerlo más adelante», afirma con optimismo.

Desde la panorámica suite de un lujoso hotel barcelonés, Anastacia habla con apasionada convicción del momento que está viviendo. Ahora luce nueva y menos agresiva imagen -gracias a una operación de miopía, se ha desprendido también de sus características gafas-, pero pisa igual de fuerte.
«No es que haya estado en el dique seco todo este tiempo porque, después de sacar el anterior disco, en 2004, estuve dos años muy ocupada con este trabajo. Y luego se juntó la publicación del recopilatorio. O sea que sólo fue hace dos años que decidí apagar el móvil, coger fuerzas y, sobre todo, plantearme qué quería hacer con mi carrera», explica.

El parón, sin embargo, parece haberle sentado estupendamente. Militando ahora en las filas de la discográfica Universal, la cantante presenta este nuevo trabajo, en el que, según dice, sus seguidores encontrarán a una renovada Anastacia.
«De entrada, cuando hice el disco anterior, me acababan de diagnosticar el cáncer de mama y ese hecho, lógicamente, condicionó todo aquel trabajo. Aquel fue un disco más oscuro y rockero; éste, en cambio, es mucho más ligero y alegre. Es un álbum en el que he dejado salir mis sentimientos y en el que he podido disfrutar libremente de la música. Es un disco que, como la canción que le da título, destila positivismo y energía».

Para dar a luz Heavy rotation, Anastacia se ha rodeado de un nutrido y actualísimo equipo de colaboradores y productores: Ne-Yo (Rihanna, Beyoncé...); Lester Mendez (Shakira, Nelly Furtado, Jennifer Lopez); JR Rotem (Snoop Dogg, Sean Kingston); Guy Chambers (Robbie Williams, Kylie Minogue) y Rodney Jerkins (Pussycat Dolls, Britney Spears).

«No es una estrategia para vender más discos», se apresura a aclarar la artista. «Simplemente, es fruto de mi incorporación a un nuevo sello, que me ha ofrecido la posibilidad de trabajar con todos estos músicos. Para mí el reto ha sido ver qué producto podíamos hacer todos juntos, y la verdad es que me siento muy satisfecha del resultado. Creo que he sido capaz de hacer un trabajo diferente y original, pero manteniéndome fiel a lo que yo soy, a mi esencia. Y esto es algo que no siempre se consigue cuando trabajas con un productor importante», añade.

Derrochando vitalidad, Anastacia se siente particularmente optimista a la hora de plantarle cara a la crisis. «Lo importante, siempre, es no perder la fe. Hay que pensar en positivo y enviar un mensaje tranquilizador a la gente», dice.

Y aunque ya ha superado plenamente el cáncer de mama que se le diagnosticó en 2003, esta experiencia ha marcado, sin duda, su vida. «La enfermedad me obligó a replantearme muchas cosas. Entre ellas, las razones que me empujan a estar metida en este negocio. Por eso, ahora siempre intento ver el lado positivo de las cosas y mantener los pies muy bien puestos en el suelo», concluye.

«He votado por correo y pienso lo mismo que la mayoría de americanos: EEUU necesita un cambio»
La crisis: «Quizás esta Navidad no podamos comprar todos los regalos que nos gustaría, pero eso no es lo importante. A mi marido pienso regalarle un poema».