11 marzo 2017

Hay que saber decir adiós

Cuando la socióloga Lourdes Pérez Ortiz comenzó, hace dos décadas, a estudiar el tema de la vejez en España, llegó a la conclusión de que las mayores de 65 años eran, mayoritariamente, mujeres que vivían «encerradas en sus casas, esperando la visita o la llamada de sus hijos mientras veían la televisión o limpiaban».El retrato robot que hoy dibuja de ellas esta profesora de la Universidad Autónoma de Madrid es radicalmente distinto; tanto, que hasta el término vejez chirría al referirse a este colectivo.«Junto al perfil más tradicional empieza a emerger el de aquellas a las que les gusta salir y quedar con sus amigas, que hacen turismo y que, a pesar de conceder importancia a las relaciones familiares, desean preservar su autonomía. En definitiva, que quieren tener su propia vida», resume. 

Y así, la imagen que estas féminas proyectan al mundo ya no es la que era, pero no sólo debido a su actitud, sino también porque ahora «se visten de otra forma y se preocupan por su aspecto», como subraya la experta.El mercado cosmético ha sido uno de los primeros en tomar nota de la tendencia y actualmente no hay firma que se precie que no cuente con una línea ad hoc para las pieles maduras: Lancaster, Shiseido, Vitesse, Astor, Vichy, Lancôme, Dior... todas se han marcado el objetivo de captar a ese conjunto de ciudadanas que tienen tiempo y dinero para cuidarse y que, definitivamente, siguen manteniendo su atractivo.

¿Cuántas y cómo son estas consumidoras que persigue la industria de la belleza? En nuestro país hay unos 4,3 millones de mujeres mayores de 65. Dicho de otra manera, una de cada cinco está en esa edad o por encima de ella. Y aún les queda mucho camino por delante: según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, la esperanza de vida de las españolas se sitúa en los 83,48 años, una cifra sólo superada por las japonesas y las francesas. Este salto en la carrera de la longevidad tal vez tenga que ver con los nuevos hábitos de las mujeres de este país. Por ejemplo, el porcentaje de fumadoras ha bajado hasta el 25%, como recoge el estudio Indicadores de Salud (2006), del Ministerio de Sanidad y Consumo. El mismo informe revela que hay un 55,9% de abstemias, aunque la actividad física sigue siendo una cuenta pendiente, ya que el 59,3% de las españolas reconoce su sedentarismo. 

Lo que sí ha descendido es el número de muertes por cáncer de mama, una de las principales enfermedades que amenazan a las féminas: entre 1990 y 2002, la tasa de fallecimientos por este tumor se redujo en un 14%. El caso es que, como destaca Pérez Ortiz, «las mujeres mayores cada vez disfrutan de un mejor estado de salud y, al estar liberadas de las obligaciones productivas y reproductivas, se han colocado en situación de caminar hacia sus propias metas».Entre ellas, la de sentirse a gusto en su piel. «Esta generación tiene mucha energía desde un punto de vista mental, pero el organismo no siempre acompaña. 

Por eso, la obligación de los médicos consiste en ayudarlas a ajustar su cuerpo a sus sueños e ilusiones», argumenta el doctor Santiago Palacios, director del Centro Médico Instituto Palacios, especializado en la salud integral femenina. «A estas edades, los problemas más frecuentes son la artrosis, la osteoporosis, las disfunciones sexuales... Es posible prevenir todas estas dolencias o, si ya se han desencadenado, atenuar sus síntomas.Yo lanzaría el siguiente mensaje: Cuídate a los 60 para disfrutar de unos magníficos 70», añade. Esos cuidados a los que se refiere el doctor Palacios atañen a diferentes planos: practicar ejercicio, seguir una dieta saludable, ser constante en los tratamientos médicos... ¿Y qué pasa con otros aspectos más superficiales? ¿También hay que esforzarse en preservar la belleza? «Verse bien por fuera influye internamente mucho más de lo que la gente cree», defiende el especialista. «Por ese motivo, yo estoy a favor de la cirugía estética. Me parece uno de los mayores avances del siglo XX. Si te deprime verte mayor y eso se puede solucionar, por ejemplo, con una operación para elevar el pecho, pues adelante.Siempre que no nos pasemos de la raya, defiendo el uso lógico de estas intervenciones. Si hay dirigentes de países que se someten a operaciones de estética, ¿por qué no iba a hacerlo una mujer cuyo bolsillo se lo permite?», plantea.

Rocío Fernández-Ballesteros, catedrática de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, disiente en este último punto: «Envejecer activamente no tiene nada que ver con preservar la juventud y la belleza, que son cualidades físicas y perecederas.Lo que se esconde detrás de la edad es un mundo fascinante de plenitud que cada ser humano debe vivir con la óptica que le brinda su propia experiencia», sostiene. En lo que sí coinciden todos los expertos es en la importancia de seguir intelectualmente en marcha para disfrutar de una excelente madurez. «Es absurdo no aprovechar el potencial de los mayores», sentencia el doctor Palacios. En España comparten esa opinión las aproximadamente 320.000 mujeres de más de 60 años que todavía trabajan fuera de casa, así como las 26.000 que están matriculadas en iniciativas de formación de todo tipo. La propia Fernández-Ballesteros dirige un Programa Universitario para Mayores, así que habla con conocimiento de causa cuando recuerda que la actividad cognitiva previene el envejecimiento cerebral y es un factor protector de la demencia.«Es muy positivo ir a conferencias, hacer sudokus, repasar cada día todas las cosas buenas que han ocurrido, cuidar las relaciones con la familia y los amigos -¡pero sin dejarse avasallar!-, participar en voluntariados... En definitiva, tienen que seguir enganchadas a la vida», concluye la profesora.

La galerista Soledad Lorenzo, la actriz Nuria Espert y la ex modelo -hoy artista- Veruschka son ejemplos de profesionales que continúan enganchadas a la vida a pesar de haber dejado atrás los 65. Ellas y otras muchas forman parte, en España y en otros países (Veruschka es alemana), de ese nuevo poder que representan las mujeres maduras. «A todos nos da miedo el envejecimiento», indica la socióloga Lourdes Pérez Ortiz, «pero este tipo de personas nos están marcando nuevos caminos, formas distintas de afrontar ese tramo de la vida.»

Se levanta a las siete de la mañana, desyuna y se arregla con calma. Es el único momento del día en el que se permite ralentizar su ritmo, porque ella es de esas personas que tienen horario laboral de entrada (las nueve), pero no de salida. Hace un tiempo, Soledad Lorenzo trabajaba en el mundo del arte por cuenta ajena, hasta que le asaltó un pensamiento: «Seguiré haciendo lo mismo durante 20 años más y, cuando cumpla los 65, me jubilarán», se dijo. Entonces recogió sus bártulos y se fue a montar su propia galería.
Así lo narra durante el hueco que ha buscado. En cuanto la grabadora se apaga,
sale corriendo hacia el espacio de arte que dirige en Madrid, que lleva su nombre.

Pertenece al escaso 1% de españolas mayores de 65 que siguen en activo. ¿Se imagina a sí misma sin trabajar?
¡No! Mi vida sin trabajo no tendría sentido.Pero reconozco que para llevar una galería hace falta mucha energía, no sólo buena salud y cabeza. Espero que, cuando me fallen las fuerzas, la vida me marque otros caminos para seguir manteniendo el contacto con la realidad.
¿Le impone muchas barreras profesionales el hecho de ser mujer y de tener su edad?
Al contrario: en el mundo de la cultura, la edad es experiencia.Pero debo demostrar capacidad de improvisación y de alerta.
Su galería apuesta por los nuevos valores. ¿Estar en contacto con otras generaciones contribuye a alargar la juventud?
Sí, para mí es esencial. Aparte de relacionarme con mi equipo, me resulta revelador el contacto diario con los artistas y también con el público que visita la galería: estudiantes, responsables de otros espacios... Esa puerta abierta es muy importante en mi vida.

¿Qué le diferencia de la generación de su madre?
El cambio ha sido tan intenso que podemos hablar de un antes y un después. En España, mi generación ha sido la primera en integrarse de forma plena en la sociedad, y ni siquiera constituíamos una mayoría. La gran aspiración es que dejemos de hablar de la incorporación de la mujer a la sociedad como fenómeno.
Hoy, una de cada cinco españolas tiene 65 años o más. Sin embargo, parece un colectivo invisible para el resto de los ciudadanos.¿Qué opina?
Sí, antes se decía que a partir de cierta edad eras invisible...Lo que pasa es que ahora nos mantenemos mucho más jóvenes, precisamente por estar más involucradas en todo. Y, claro, eso nos da visibilidad.

¿Qué ventajas tiene la madurez?
La libertad. Tu proyecto vital ya está hecho y simplemente tienes que mantenerlo. Ya no estás tan sometida a las presiones externas.
¿Qué importancia concede a seguir cuidándose y preocupándose por la moda?
Yo no quiero parecer una señora mayor. Si interiormente me siento activa, aspiro a que esa imagen salga al exterior, aunque tampoco se trata de intentar asemejarse a una jovencita.

¿Le parece lícito quitarse años con el bisturí?
De joven estaba convencida de que acabaría operándome, pero no lo he hecho. Cuando llegas a mi edad, te importa más tu mente que tu físico, aunque te guste estar bien. De todos modos, la elegancia no es patrimonio exclusivo de la juventud, ¡eso sería terrible!

Faltan dos horas para salir a escena y la dama del teatro nos recibe en su camerino. Dice la Espert que sigue manteniendo la misma ilusión de hace 30, 40 y 50 años. «Soy una privilegiada, me apasiona este oficio. Estoy en una etapa fortísima de trabajo y lo único a lo que tengo miedo es a resfriarme y que me dé la tos en el escenario.»

Los personajes de su última película, Barcelona (un mapa), son, según su director, Ventura Pons, «arquetipos contemporáneos de la soledad urbana». Entre ellos hay una pareja de ancianos.¿Vejez y soledad son términos que cada vez van más de la mano?
Parece que sí. Te acecha la soledad aunque tengas familiares que te quieran. La culpa es del ritmo de vida actual.Las leyes y las costumbres deberían acomodarse a una nueva realidad: la de que ahora las personas de 65 años son jóvenes y están llenas de vitalidad. Me parece un verdadero crimen que la sociedad piense que ya han dado todo lo que tenían que dar.

Catherine Zeta-Jones ha declarado: «Cuando empiece a envejecer, me echarán a patadas de Hollywood».
Alguien tiene que decirle a Catherine que debería dedicarse al teatro. La cámara es muy cruel con las mujeres y Hollywood es el colmo de la crueldad.
De ahí que las actrices abusen tanto del botox en la meca del cine...

¡Hacen bien, pobres! Están defendiendo su profesión, intentando evitar que las retiren con 40 años, que es cuando la mujer está más bella y cuando se le deberían ofrecer todos los guiones...Durísimo.
Durante la presentación de su última biografía, dijo que se sentía afortunada «por vivir esta época de cambios». ¿En qué sentido?
Padecí la España franquista hasta los 40 años. Desde entonces he podido vivir en libertad, como una europea, como una mujer con plenas facultades para tomar sus decisiones. Nunca he pertenecido a ningún partido político, pero sí soy feminista, y eso siempre se ha reflejado en mi casa, en mi relación con mis hijas y con mi marido. Antes, a las mujeres se les dejaban las tareas menos comprometidas, pero ahora tenemos hasta ministras, y ahí está el ejemplo de María Teresa Fernández de la Vega... ¡No puedo estar más contenta!

¿Alguna vez se ha sentido invisible a causa de su edad?
¡No! Bueno, quizá sí lo sea para Richard Gere (se ríe)... Es cierto que cuando pierdes la juventud te vuelves invisible desde un punto de vista sexual, pero entonces empiezan otras muchas cosas maravillosas. Es en ese momento en el que comienzas otro tipo de relación con los hombres.
¿Qué ha ganado con la edad?
Me gusta muchísimo vivir, disfruto de cada día. Creo que ahora soy mejor persona, más inteligente y culta que antes. Bueno, ¡y espero haber conseguido ser mejor actriz de lo que era al principio!

Su nombre real es Vera Von Lehndorff-Steinort, pero el mundo entero la conoció en la década de los 60 como Veruschka, la primera top model de la historia. La alemana participó en una de las últimas ediciones de la Pasarela Cibeles como invitada de los diseñadores Ailanto, que se inspiraron en su papel en Blow Up (la mítica película de Michelangelo Antonioni) para concebir una colección de moda. «A todo el mundo le interesa la estética de aquella época», declaró en Madrid la ex maniquí. «Esa película es un símbolo del deseo de romper con la tradición. Aun hoy sigue resultando moderna.» Igual que ella.
¿Cómo recuerda su época de desfiles?
Nunca me he visto a mí misma como una supermodelo.Al menos, no en el sentido estricto de la palabra. Más bien era una artista que utilizaba la moda para expresarse.

Y ahora, tras haber sido considerada como un icono de belleza, ¿no le resulta muy duro afrontar la madurez?
Sé que no puedo evitar el paso de los años, hay que aprender a vivir con ellos. A lo que yo aspiro es a tener una cara bella con arrugas, como las ancianas indias, que poseen un rostro tan poderoso... No debemos esconder nuestra edad.
Entonces, ¿está en contra de la cirugía estética?
Sí. Únicamente aceptaría algún pequeño retoque. Hace poco me propusieron inyectarme botox, pero me negué. Odio esa sustancia, porque crea rostros inexpresivos. Conozco a personas que se han hecho un lifting, y otro, y otro. Ahora ya no soy capaz de encontrar su personalidad. Me parece terrorífico.

Es lo que pide el sector de la moda: la eterna juventud. ¿O no? ¿Qué cualidades debe reunir una top model?
Eso ha variado mucho. Antes teníamos que tener unas características muy marcadas; cuanto más diferente fueras, más interesante resultabas.En mi época triunfaba Twiggy, pero también Lauren Hutton, ambas tan distintas... Ahora, sin embargo, todas parecen iguales, tipo Heidi Klum. Pero lo importante en una modelo es que sea profesional y sepa trabajar con la ropa.
¿Volvería a desfilar?
No. Hay que saber decir adiós.

Si alguien puede hablar sobre madurez plena, esas son las niponas.Unos 26 millones de ellas tienen hoy en día más de 50 años, y entre los rasgos que las caracterizan destacan su excelente salud y el interés por los cuidados cosméticos (Japón es el país que acumula el mayor gasto per cápita del mundo en estos productos).Estas mujeres forman parte de la denominada Generación Dankai, esto es, el grupo de población nacido entre los años 1947 y 1949 -después de la II Guerra Mundial-, que han llegado a la jubilación en forma, con un altísimo poder económico y con una visión moderna de cómo gastar su dinero. Exigen lo mejor del mercado. En este contexto nacen las cremas NutriPerfect, de Shiseido (a la dcha.). ¿Por qué son especiales? Porque incorporan carnosina, un activador de energía celular que los deportistas suelen consumir en forma de suplemento alimenticio. Esta sustancia palia los efectos de los desequilibrios hormonales en la piel.

No hay comentarios:

Publicar un comentario